Un momentito para mi…

Como buena hija de mi madre y miembro de mi familia, la conversación siempre, pero siempre, termina en la caca. En cualquier reunión familiar, no me pregunten por qué, es un misterio total, por algún motivo que nos excede completamente a esta altura, nuestras conversaciones siempre terminan en la caca. Asique pido disculpas de antemano si les resulta chancho que siempre hable de lo mismo. Juro que mi vida no gira en torno a la caca (aunque estos días, sí).

¿Se acuerdan que hace unos meses (¡poco más de 10 ya!) no quería saber nada con hacerme encima? Miren como serán las cosas de la vida que ahora lo único que quiero poder hacer es caca.

Quiero ir al baño, o mejor dicho, quiero PODER ir al baño. Quiero poder sentarme tranquila, poder incluso tener unos minutos para boludear con el celular, como cualquier persona normal (o como mi marido, que su rutina matinal incluye 40 minutos de ocio mientras caga –tranquilo- encerrado, todos los benditos días). Quiero poder limpiarme a una velocidad normal, cosa de garantizar limpieza profunda y no tener que meter un turbo limpieza porque a mi hijo se le ocurrió ponerse a gritar porque pasaron más de dos minutos que no me tiene al alcance de su vista. Quiero hacer caca y limpiarme sin tener que cantar desde el baño “Luna lunera” para que sepa que estoy acá, que no me fui, ¡la puta madre que me parió!

Miren si no tendré tiempo que hace meses y meses no escribo. Hay días que arranco con tremendas ganas de ir, pero lo voy postergando y postergando hasta que me olvido. Pasa tanto tiempo que hasta mis intestinos se rinden y cuando finalmente me siento ya no tengo ganas.

Este sería mi estado mental por ahora:

*Tengo que ir al baño*

*Me ganó de mano. Se cagó el primero. Cambio de pañal*

*Trabajo*

*Trabajo*

*Me recaliento el café (por cuarta vez)*

*Tengo que ir al baño*

*El nene llora. Rápido, dale una galletita, eso garantiza al menos 10 minutos de entretenimiento*

*Mando el mail y voy al baño*

*Mail enviado. El nene quiere upa.*

*Se calmó, tengo que trabajar*

*Trabajo*

*Después de este mail voy al baño*

*Voy al baño, solo llego a hacer pis. Limpiate rápido que ya está llorando*

*Comida del nene mientras miramos “Las canciones de la granja”*

*“La vaca lola, la vaca lola tiene cabeza y tiene cola…”, ¡aaaaaammmm, muy bien!*

 

¿Ya se dieron una idea no? Sueno histérica, lo sé.

Con los meses ha ido bajando un cambio el muchacho igual. Ahora aprendimos lo bien que funcionan los sobornos (te pongo los dibujitos, te doy una galletita, nah, llevate el control remoto, el celular, todo, ¡toma!), y poco a poco un pichín a medias se fue convirtiendo en por lo menos 5-10 minutos de paz para hacer lo que naturalmente mi cuerpo me pide hacer.

Hay luz al final del camino, gente. Eso sí, en ese ratito que lo tienen entretenido, nunca, pero nunca jamás de los jamases hagan contacto visual si necesitan cruzarlo para ir al baño. En casa voy pegadita a las paredes, me descalzo para que ni siquiera las pantuflas hagan algún ruido que le pueda llamar la atención, y mientras tarareo mentalmente el tema de Misión Imposible, hago como Tom Cruise y me convierto en ninja.
Descripción visual a continuación:

Esta táctica ha tenido un 99.9% de efectividad y últimamente mi cuerpo (y mente) se nota más feliz y aliviado (por ahora…).

 

Moraleja: tengan cuidado con lo que desean. Hagan caca mientras puedan.

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“To poop or not to poop?”, o “la hora de los bifes”

NOTA: Empece a escribir este post el 6 de octubre…
Como soy de las que les gusta guardar todo como recuerdo (como el boleto del primer colectivo que me tome sola), por mas que haya pasado mucho tiempo no queria dejar de publicarlo. El dia de mañana voy a querer recordar esto.

 

Ya estamos. La recta final: 38 semanas exactas. Para los que no entienden qué significa esto, básicamente, estoy que exploto.

Entre los dolores de espalda, de ovarios, las lolas que me pesan y ya no me entran en los corpiños, las bombachas que me apretan, los pantalones que no cierran, mi cara de “no me hables, hace 5 días no duermo”, y algún que otro pedo (porque sí, los bebes que están dentro de nuestras panzas se tiran pedos, acostúmbrense, no somos nosotras eh…), se imaginarán que por estos días no me ando sintiendo toda una Lady Di. Más bien ando tirando más para este lado:

 la barby

 

Pero a pesar de todos estos “gajes del oficio”, a pesar de todas las preocupaciones que le pueden surgir a cualquier mujer en esta situación, hay una cosa, una sola, que realmente me tiene más preocupada que cualquier otra: ¿y si me hago encima a la hora de los bifes?

Sí, muchachos y muchachas, esto es algo que sinceramente me acongoja y algo sobre lo que me juego el culo (disculpen la ordinariez, soy buena hija de mi madre) que todas, y digo TODAS, pensamos en algún momento del embarazo.

“Por favor, Dios, Madre Naturaleza, lo que quieras llamarle, no me dejes hacerme encima cuando este naciendo mi hijo…”

¿Se imaginan qué horror sería? Un momento tan hermoso en el que las mujeres estamos más vulnerables que nunca, con las gambas abiertas y con andá a saber cuánta gente mirándote la pocho y moviéndote de acá para allá… un momento así, opacado por algo tan… oscuro. 

Por el simple miedo que le tengo a que eso pase, porque aparentemente hay una gran posibilidad de que eso suceda en un parto “natural” (más “natural” que parir y cagar, imposible), mi marido tiene terminantemente prohibido espiar lo que va pasando desde mi cintura para abajo. 

“Bien al ladito mío, sosteniendome la mano te quiero, eh. Obedecé o te divorcio”. (Perdón, marido, son las hormonas, ya termina, falta poco)

Hace poco hicimos el curso de preparto. Entre las charlas que nos daban sobre lo que podemos esperar cuando entremos finalmente en “trabajo” de parto y una vez que nazca el bebe, dedicaron una hora por clase a que hagamos yoga para embarazadas. ¿Y qué es lo primero que se le ocurre decir a la profesora? “A la hora de pujar, piensen en hacer caca”.

Genial. Y yo que trataba de evitar pensar en ESO, a esta loca justo se le ocurre venir a decirme que “es natural”, que “no pensemos en eso”, y que “en el momento, en lo que menos vas a estar pensando es en hacerte encima”. La miré con odio mientras nos insistía en que nos movamos, no seamos vagonetas, hagamos ejercicio, nos agachemos…

“Señora, estoy en esa etapa en donde si se me cae algo al piso, lo contemplo unos segundos y sigo de largo. Lo levantará mi dorima cuando llegue”, pensaba mientras insistia la yegua. “Dice eso porque no es ella a la que le pesan la panza y las tetas, flaca soreta…”

Casi todo mi embarazo me la pasé preocupada por esto. Nada me quitaba (ni me quita) más el sueño que este tema. Ni cómo va a ser el dolor, si me la voy a poder bancar, cuántas horas va a durar el trabajo de parto, ¿y si no bajo la panza?, ¿y si la pochola me queda como una palangana? Nada, ¿qué me importa todo eso? ¡Yo solo no quiero hacerme encima y mi mente está fija en la puta caca!

Escuché que muchas futuras mamás evitan comer antes de parir, pero llegué a la conclusión de que eso no me ayudaría en nada a mi. Olvidate. ¿Mirá si no voy a comer durante horas y horas en el momento más estresante de mi vida? Angustia oral se llama, queridos, y, en mi caso, yo no como ni “pico algo”: me atraganto, me morfo la vida misma en momentos de ansiedad.

No me queda otra, tendré que aceptar (aceptar no, resignarme al hecho) que va a ser lo que Dios quiera. A la hora de los bifes, si tiene que venir, que venga, pero que sea rapidito y sin darme cuenta. Ojalá que no, pero si no queda otra… y bueno, una cagada, qué se le va a hacer…

La tercera es la vencida… pero vencida en serio.

Hace ya unos meses no escribo.

Una se despierta un día y piensa: “Voy a empezar a escribir sobre esto y juro que no me voy a colgar.”
Inevitablemente, te colgás… y más cuando se te está yendo el alma misma por el inodoro.

Sí, señoras y señores, la tercera fue la vencida: el 9 de febrero me enteré de que vamos a ser papas.
En realidad, tuve la suerte de poder enterarme muy rápido, tan solo unos 10 días después de que ovulé (o por lo menos eso pienso… y sí, me volví una de esas mujeres “obse” que se hacen test de ovulación, de vaga nomás).

Era muy temprano pero yo ya estaba convencida, pero convencida de verdad, de que estaba embarazada. De la nada nomás, largué el laburo a las 5 de la tarde y corrí a la farmacia de la otra cuadra. Compré un test, volví a casa, hice pis y esperé. Ahí estaba, la bendita rayita esa que todas “pensábamos que veíamos, pero que no estaba ahí en realidad”. Esta vez sí estaba ahí… tenue, pero ahí.

*Salgo corriendo a comprar otro, pero esta vez no uno, sino tres* (por las dudas, ¿no?)

En el camino de regreso de la farmacia, se me ocurre guardar el secreto para contárselo a mi marido en el día de los enamorados.

*No digas nada, nena. Aguantatela, hacete otro test y si sale, no puede ser más fuerte que vos. Controlate y no le digas nada todavía.*

“¿Pero cómo voy a hacer para aguantarme 5 días sin decir nada? Aparte, seguro ya llegó a casa. ¿Dónde me meto los tests?”

*No le digas, va a valer la pena. Aguantatela, naba.*

Todo el camino con la lucha interna. Fueron las dos cuadras más largas de mi vida, el asensor al segundo piso no podría haber tardado más en subir.

*No digas nada, no digas nada.*

Meto llave en la puerta…

*No digas nada, ¡no digas nada!*

y abre mi marido…

“Mi amor, ¡estoy embarazada!”

*Boluda*

Ayer se cumplieron 4 meses desde que nos enteramos y puedo asegurarles que, a pesar de los vómitos, las nauseas, el sueño y la falta de comida, vienen siendo los mejores 4 meses de mi vida…

*bump… bump…*

Ah… Ahí estás… ¿les conté que ya siento sus pataditas?

La espera. (Sí, nada de tres puntos suspensivos. PUNTO FINAL.)

A ustedes que están en la misma situación que yo, buscando todas las noches, exprimiéndoles la energía a sus maridos con tal de obtener el positivo en el Evatest para poder pasar a la maravillosa siguiente etapa que es el “disfrutar” del embarazo, ¿no les pasa que de repente, después de habérselas pasado haciendo la chanchada como hámsters por toda la casa, se sienten con náuseas, les empieza a dar asco determinadas comidas, vomitan de la nada, se tocan las tetas y piensan que sienten un dolorcito finito, les duelen los ovarios, y piensan: “pucha, ¿será este el mes?”?

Si la respuesta es “Sí”, continúe leyendo. Este post (este blog) es solo para obsesivas, locas de mierda, que lo único que quieren es que la madre naturaleza funcione como se les dijo toda la vida que iba a funcionar: “si no te cuidas, quedas embarazada”.

Lo que nos tendrían que haber dicho es: “en realidad, hay UN solo día en el mes en el que tenes la mayor probabilidad de quedar embarazada”.

Volviendo a lo anterior. ¿Les pasa que se vuelven tan obsesivas que ya piensan que están embarazadas AL DIA SIGUIENTE de haber tenido relaciones? Levante la mano la que se sienta identificada (*ahí bien alto se ve la mía*).

Mujeres, no se sientan solas. Podemos sentirnos locas juntas. “Hola, mi nombre es Stephanie, y este mes, como todos los anteriores, me “siento” embarazada”. Y ustedes, al unísono: “Hola, Stephanie”.

Yo estaré loca, pero después de muchas horas en Internet buscando qué pueden significar los síntomas que sentía, encontré otro nivel completamente diferente de locura.

Ok. Para empezar, vale aclarar que soy oriunda de Yanquilandia (OJO, he vivido casi toda mi vida en la Argentina, no la cambio por nada, no pienso volver, y siempre dije que en los papeles seré gringa, pero mi corazón siempre fue argentino). Con esto, vale aclarar que tengo dos lenguas maternas: el inglés y el español, cosa que me facilita muchísimo volverme un poco “obse”, y googlear y leer TODO lo que pueda sobre embarazos, bebes, y por sobre todo, los malditos foros.

Entre todo lo que venía leyendo, me crucé con una página (varias páginas, en realidad) de mujeres gringas que al parecer unen sus fuerzas para poder ofrecerse apoyo moral en su camino hacia la maternidad. Debo decirles, muchachas, que si nosotras pensamos que perdimos la cordura, el nivel de obsesión que tienen estas mujeres es de otro mundo. Tal es el nivel de locura que tienen que hasta se armaron una larga lista de acrónimos con términos de todo tipo que tienen relación con embarazos, fertilidad, ovulación, DE TODO. Paso a brindar ejemplos:

TTC: Trying To Conceive (intentando quedar embarazada)

HPT: Home Pregnancy Test (test de embarazo casero)

CD: Cycle Day (día del ciclo menstrual)

DPO: Days Past Ovulation (días posteriores al periodo de ovulación)

CM: Cervical Mucus (mucosa cervical)

Y el que más me impresionó:

EWCM: Egg White Cervical Mucus (mucosa cervical con consistencia parecida a la de la clara de un huevo)

Yo no sé ustedes, pero este último fue mortal y terminó con toda la magia que yo pensaba que tenía el momento de “hacer bebes”.

(Para una lista completa de estas abreviaciones y acrónimos, haga clic aquí)

Además de estas abreviaciones, también hay una página hecha casi exclusivamente para que estas mujeres compartan fotos de los test de embarazo en los casos en los que no saben si el resultado es positivo o negativo, y otras usuarias pueden votar y opinar al respecto. Si es un resultado negativo, si es un positivo con línea borroneada, si es una mugrecita que se le pegó a la ventanita… TRE-MEN-DO. Y lo peor es que hay cientos de mujeres que se suman a la paranoia y ansiedad, y votan, y comentan y se alientan entre sí.

En lo único que podía pensar al leer todo eso era en los pobres maridos/parejas y sus pobres miembros. Para ellos el romance salió por la ventana el mismísimo segundo en que su mujer les dijo que su “CM” ya estaba en estado de “EWCM”, señal de que está ovulando, y por ende, otra vez a hacerlo en posición de “misionero” porque de esa manera “los bichitos tienen más llegada al “cuello uterino”.

¡Pero déjate de joder! ¿Hace falta perder el romance de esa manera?

Así y todo, me sentí un poco identificada con la desesperación de estas mujeres, y ahí fue cuando encontré un acrónimo con el que me pude identificar por completo: TWW, o Two Week Wait (las dos semanas de espera).

En este acrónimo se resume todo lo que siente una mujer que está buscando tener un hijo. Esas interminables dos semanas que tenes que esperar después de que ovulaste para poder hacerte el test y saber si este mes sí es EL mes. Todos los días, durante esas dos semanas, ponés toda tu fé en que adentro tuyo ya está ocurriendo el milagro de la vida. En esas dos semanas insoportables esperás con una paciencia sobrehumana y te autoconvences una y otra vez de que “NO, no podes salir corriendo al Farmacity a comprarte un test todavía”. Y cuando no te la aguantás, y te comprás el test igual porque sos más dura que la mierda, y te sale negativo, te deprimís como una boluda, pero una pequeñísima parte de tu corazón todavía siente que es posible que hayas hecho el test demasiado temprano, que puede ser un falso positivo.

Estas dos semanas me están matando. Los días no pueden ser más lentos y los síntomas no pueden ser más reales (juro que esta vez no estoy loca). Así y todo, me la aguanto. No. No voy a comprar el test todavía.

Y para las que estén en la misma que yo, no perdamos el romance de la intimidad. Después de todo, ¿quién dijo que solo podemos tener sexo cuando estamos ovulando?

A la mierda el “EWCM”. Esta noche lo agarro a mi marido y le rompo la boca de un beso, a ver si nos olvidamos un rato de la espera.

Lo primero es lo primero…

Hace exactamente 20 días que con mi marido decidimos “buscar” un hijo. A partir de ese momento y hasta el día de hoy, obviamente, como buena taurina y como cualquier otra mujer en realidad, me agarró la loca y empecé a leer DE TODO en Internet (¡lugar maravilloso si los habrá!).

Mi obsesión primero empezó por la decoración del cuarto del bebé (es decir, a full con Pinterest). De repente me crucé con un “pin” sobre los cuidados del bebé y los llamados “life hacks” que se supone que son cosas simples que te solucionan la vida y todos tus problemas prácticamente desaparecen. Después la ola me fue llevando por otras páginas que hablaban sobre cuidados de la panza, estrías, dolores, la bendita revolución de las hormonas, los ataques de antojos, aumento de peso, que si la caca del bebé es de color marrón oscuro, beige o clarito, TODO lo que hay que comprar para darle de comer, vestirlo, llevarlo de acá para allá… era abrumador pero no podía parar de buscar y leer, informarme y encontrar otra página nueva con otro tema nuevo con el que me podía obsesionar aún más.

Seguí así unos días hasta que finalmente me crucé con una publicación que hablaba sobre lo que una pareja joven y sana suele tardarse en “quedar embarazados”, y ahí me cayó la bomba: de 6 meses a 1 año.

Claro, todo sonaba espectacular hasta que te das cuenta de que tenes que empezar a medirte la temperatura de la pochola para saber qué días ovulás y cuándo te conviene “mojar el bizcocho” (como diría mi madre…). Y no solo eso: también podes detectar tu época de ovulación de acuerdo a la consistencia de tu flujo… (¿?)

Con esto último se imaginarán que todo el romance de hacer el amor, de hacerlo con otro sentimiento y propósito que esta vez era uno muy diferente, se fue por la borda…
¿Quién hubiera pensado que quedar embarazada sería tan difícil?

Van 20 días entonces… primer mes de búsqueda. Se supone que en unas semanas sabremos si dimos en el blanco… o si tendremos que seguir participando.

Mientras tanto, tomaremos ibuprofeno para los dolores musculares, mi marido seguirá comiendo almendras (en algún lado leyó que mejoran la fertilidad (¿?)), y yo seguiré levantando las patas al aire con la esperanza de que todo llegue a buen puerto.