Lo primero es lo primero…

Hace exactamente 20 días que con mi marido decidimos «buscar» un hijo. A partir de ese momento y hasta el día de hoy, obviamente, como buena taurina y como cualquier otra mujer en realidad, me agarró la loca y empecé a leer DE TODO en Internet (¡lugar maravilloso si los habrá!).

Mi obsesión primero empezó por la decoración del cuarto del bebé (es decir, a full con Pinterest). De repente me crucé con un «pin» sobre los cuidados del bebé y los llamados «life hacks» que se supone que son cosas simples que te solucionan la vida y todos tus problemas prácticamente desaparecen. Después la ola me fue llevando por otras páginas que hablaban sobre cuidados de la panza, estrías, dolores, la bendita revolución de las hormonas, los ataques de antojos, aumento de peso, que si la caca del bebé es de color marrón oscuro, beige o clarito, TODO lo que hay que comprar para darle de comer, vestirlo, llevarlo de acá para allá… era abrumador pero no podía parar de buscar y leer, informarme y encontrar otra página nueva con otro tema nuevo con el que me podía obsesionar aún más.

Seguí así unos días hasta que finalmente me crucé con una publicación que hablaba sobre lo que una pareja joven y sana suele tardarse en «quedar embarazados», y ahí me cayó la bomba: de 6 meses a 1 año.

Claro, todo sonaba espectacular hasta que te das cuenta de que tenes que empezar a medirte la temperatura de la pochola para saber qué días ovulás y cuándo te conviene «mojar el bizcocho» (como diría mi madre…). Y no solo eso: también podes detectar tu época de ovulación de acuerdo a la consistencia de tu flujo… (¿?)

Con esto último se imaginarán que todo el romance de hacer el amor, de hacerlo con otro sentimiento y propósito que esta vez era uno muy diferente, se fue por la borda…
¿Quién hubiera pensado que quedar embarazada sería tan difícil?

Van 20 días entonces… primer mes de búsqueda. Se supone que en unas semanas sabremos si dimos en el blanco… o si tendremos que seguir participando.

Mientras tanto, tomaremos ibuprofeno para los dolores musculares, mi marido seguirá comiendo almendras (en algún lado leyó que mejoran la fertilidad (¿?)), y yo seguiré levantando las patas al aire con la esperanza de que todo llegue a buen puerto.

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